Promoción de la lectura: ¿marketing o cultura?

15:09

Los políticos, hombres de poder, famosos, literatos etc. etc. se les llena la boca diciendo que la sociedad global actual, y en particular los jóvenes, ya no hacen uso de la lectura. Afirman que cada vez las palabras son menos utilizadas para consumir nuestro tiempo de ocio, siendo sustituidas por las pantallas y las actividades interactivas que convierten a la población en unos "membrillos incultos".
Sin embargo, estos "seres superiores" demuestran estar fuera de la realidad actual. Cada vez la sociedad es menos analfabeta (en cuestión académica) y cada vez más la sociedad se acostumbra a leer y a hacer uso y disfrute de esta herramienta del lenguaje humano.
Eso sí, las cosas cambian y tal vez a mejor. Actualmente una persona no deja de leer prácticamente desde el momento en el que se levanta. Se leen periódicos (aunque sea en la versión  web), publicidad, novelas, gráficos... decenas de archivos caen en nuestras manos todos los días. Tal vez lo que moleste a los anteriormente citados no sea que la gente lea más o menos, sino la plataforma utilizada para ello. Y es que ahora mismo, un individuo puede tener más de 100 novelas en una sola plataforma, y en muchas ocasiones, conseguirlas de forma gratuita. Y por ello, muchas veces la venta de artículos de lectura es relacionada directamente, con la cantidad de lectura que se realiza diariamente.

Y de esta necesidad de mantener los formatos tradicionales, y de aumentar los beneficios y las ventas lo más posible, es de donde salen casi todas las promociones de lectura que encontramos actualmente. Vales descuento, días del socio, semana de rebajas... todo ello con el fin último de persuadir al consumidor y que gaste lo máximo posible en un tiempo mínimo y que, encima, piense que ha sido un "chollo".

Espero que no se malinterpreten mis palabras. Me parece una maravilla las tradiciones que existen de "El día del libro", "San Jordi" y más ejemplos existentes a nivel mundial; son resquicios de historia, de tradición y cultura que me parecen una muestra de cultura en sí misma. Por sí solos, estos eventos son una fiesta para celebrar aquello que nos es propio, aquello que nos une a todos los ciudadanos del planeta, sin importar raza, religión, país o tendencias: la búsqueda de nuevas historias, de nuevos mundos, de misterios ocultos y amores imposibles.
Sin embargo, a día de hoy existen empresas, directores financieros, publicistas y muchos más individuos que, consumidos por la avaricia, convierten estas tradiciones, este amor por las historias bien contadas, en un producto más.Así, el día de la lectura se convierte en una semana de eventos absurdos en los que al ciudadano de a pie se le vende una idea: "si no compras un libro esta semana, eres un burro inculto" (con perdón a los burros). Carteles por todas las calles, puestos de libros por todas las aceras, descuentos ínfimos, lecturas en espacios públicos... todo vale a la hora de convencer al consumidor de que ese es el momento de gastarse medio salario en comprar libros que seguramente, ni quiere ni le apetecen leer.

Y lo peor, es que aquellos que nos enamoran con sus historias, aquellos que nos hacen enamorarnos, sufrir, reír y emocionarnos, son parte de este circo que infravalora la cultura que ellos han creado. Escritores de libros se ponen en fila india para firmar sus novelas, como si fuese aquello una compra-venta de caballos o una competición de a ver quién vende y firma más libros en una tarde (que, mal que les pese a todos ellos, la vencedora no es otra que Belén Esteban). Absurdo que aquellos que luchan por darle a la lectura el lugar social que merece, sean los mismos que se aposten a la entrada de las librerías a ver si vende algún ejemplar más.

En definitiva, la sociedad demuestra una vez más que ha perdido el Norte. De una tradición de compartir cultura e historias, nos encontramos en la actualidad con una intrincada propaganda de consumo. El ciudadano de hoy piensa que gastarse la paga del mes en libros durante una semana es un seguro ante la estupidez y la ignorancia, al menos durante el resto del año. Lamentablemente, no se dan cuenta de que es esa actitud la que les hace ser unos auténticos membrillos.
(Otra vez, con perdón de los membrillos).


Eso sí, yo he venido a hablar de mi libro.

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