La cultura en España no es Sálvame

16:44

En este análisis estudiaremos el comportamiento de consumo de la sociedad española con respecto a la cultura que está a su disposición. Para ello, utilizaremos datos específicos obtenidos a través del Anuario de Estadísticas Culturales ofrecido por el Ministerio de Educación y Cultura. Este tema coincide en gran parte con la encuesta realizada a los estudiantes sobre sus hábitos de consumo de cultura.


En una primera instancia, el resumen del anuario nos afirma que las actividades realizadas más frecuentemente a lo largo del año son, por orden de importancia, escuchar música (84,4%), leer (58,7%, y ante todo libros que no están relacionados en modo alguno con la profesión), y el cine (39,5%). Atrás quedan, por tanto, actividades culturales más tradicionales como la visita a los monumentos, museos y exposiciones. Esto puede deberse a que la sociedad actual vive en una constante aceleración, lo que le deja con un tiempo justo y escaso para el ocio cultural, y las ofertas más tradicionales suponen un gasto temporal superior a las tres primeras. Sin embargo, el 40% de la población española afirma asistir a espectáculos en directo, siendo los más atrayentes los espectáculos musicales como gran favorito, y los teatros.
Dentro del sector de la lectura, encontramos un dato interesante; hombres y mujeres mantienen niveles semejantes en este tipo de consumo cultural, exceptuando las publicaciones periódicas sobre deporte y cultura, en las cuales los hombres aventajan considerablemente al sector femenino (53,9 masculino frente a un 8,3 femenino en el primer caso, y 10,5 frente al 8,2 en el segundo). Sin embargo, esta diferencia se suple en cuanto al consumo de cultura a través de TV, donde el sector femenino se posiciona como líder.

Por supuesto, estos datos generales no son compartidos entre todos los grupos de mujeres y hombres existentes en nuestra sociedad. Uno de los factores que más intervienen en el tipo de consumo de cultura es la edad de los consumidores. 
Los jóvenes son el grupo social que más cultura consume anualmente, y curiosamente en todas las vías culturales que han sido analizadas. Por ejemplo, en el ámbito de la lectura encontramos que los jóvenes leen casi un 20% más que los adultos entre 25 y 54 años. En cuanto a las artes escénicas, los jóvenes triplican la asistencia de los adultos de más de 54 años en estas actividades. Esto sorprende enormemente dado que solemos considerar que el teatro es una actividad cultural tradicional a la que los adultos de mayor edad están acostumbrados y saben apreciar más que los jóvenes. Debido principalmente a la aparición de Internet, encontramos una pérdida de la hegemonía joven en la cultura, y vemos que son los adultos de más de 25 años los que consumen publicaciones periódicas en su mayoría (esto, contrastado con los datos ya explicados, nos da una idea de que el perfil de consumidor de revistas y otras publicaciones son los hombres adultos de entre 25 y 64 años).
En cuanto al grupo de jóvenes, encontramos tres subcategorías: universitarios, con estudios de bachillerato, y con estudios primarios. Es la primera de éstas la que consume una mayor cantidad (que no calidad) de cultura, superando a las dos siguientes con creces (un 72,4%, frente al 47,7 de los bachilleratos y el 22,3 de los primarios). Es decir, aquellos que tienen unos estudios universitarios son los que muestran un mayor interés, o curiosidad, por las vías de culturización a su alcance, mientras que los dos otros grupos de jóvenes en su mayoría se limitan a la cultura facilitada por sus familias o los centros educadores.

Este estudio demuestra, por tanto, que a pesar de que en la televisión cada vez existan más programas y productos que des-culturizan a la sociedad, y que hacen parecer al espectador medio como un auténtico analfabeto, aún hay esperanza. Las nuevas generaciones se muestran interesadas y expectantes ante la cultura que les rodea, incluso utilizando nuevas herramientas como Internet para llegar a esta cultura. La opinión pública general, que considera que los jóvenes son ignorantes y que las tecnologías les sorben el cerebro, se equivoca. Los jóvenes muestran mayor interés cada vez por el conocimiento, y utilizan las nuevas tecnologías para conseguir, de una vez por todas, la democratización de la cultura, y así poder hablar de una verdadera cultura de masas.

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